Frutos Baeza - EL ÚLTIMO PANOCHO


EL ÚLTIMO PANOCHO            José Frutos Baeza


Huertano de blusa oscura
y sombrero de ancha ala,
de calzón estrecho y corto
y roja botina charra,
que sin tipo ni carácter
en el populacho encajas,
vulgarizando tus dichos
en jerigonza chulapa;
¿qué son ya, sino recuerdos
de tu vieja indumentaria,
los nevados zaragüelles
de morisca remembranza;
el jubón bordado en raso,
con broches de fina plata,
colgando como caireles
sobre la faja de grana;
el blanco alpargate estrecho,
cuyas cintas se trenzaban,
subiendo graciosamente
por la calceta calada?
¿Qué fué de aquella montera
que airosamente campaba
sobre el pañuelo anudado
de pura seda murciana?
¿Qué de la manta en colores,
con largo fleco borlada,
y la capa de alto cuello
patriarcal, solemne y amplia?
¡Ar, huertano legendario,
cual tu pasado profanas,
cual tus añejas costumbres
por otras costumbres cambias!
Aquel pintoresco traje,
que hoy desprecias con jactancia,
¿sabes tú lo que recuerda
con honda y triste nostalgia?
Recuerda el grupo de ronda,
por entre sendas y cañas;
la musa de los amores,
arrullada en la guitarra;
aquella paz venturosa
de la vetusta barraca,
contra inclemencias del cielo
por tosca cruz coronada;
aquel sentido ¡Dios guarde!,
con que á todos saludabas;
el càntico de la aurora,
á compás de la campana,
con sus tonos melancólicos
y su Ave María grata;
el mozo que, con sigilo,
saltala vieja muralla,
después que medroso en Murcia
platicó con la zagala;
los juegos regocijados
de aquellas noches de Pascua,
en que soltaba el manate
la sal gorda de sus gracias;
el baile honesto y castizo
de la jota y la parranda,
con aquel repiqueteo
de las castañuelas clásicas;
el garbo, la sal y el ese
de la robusta huertana,
con sus rizos ondulantes
junto al moñazo de trampa.
Recuerda, en fin, de la feria
el día de la algazara,
el de la Patrona augusta,
la Virgen de la Fuensanta.
Mozas y mozos cruzando
del Arenal la explanada;
ellas, luciendo garridas
lo mejor cito del arca,
con el zagalejo majo,
con la armilla hecha unas ascuas,
en donde la lentejuela menuda
cabrilleaba; ellos, limpios, retijantes,
formando alegres comparsas;
con el requiebro en los labios,
dezaga de las zagalas;
su vara de membrillero,
en voz de la gruesa estaca;
ya por las Vistas de cera,
ya por los puestos del agua,
ya apurando sendos vasos
con copetico, de horchata;
hasta que al caer la tarde,
y en vistosas caravanas,
después de templar el timple
y atizándole con alma,
por las puertas y portillos
se perdían en bandadas.
* *
Huertanico á la moderna,
 no censuro tu inconstancia,
que te admiro laborioso,
y olvidado me haces lástima;
 mas si tropiezas acaso
à ese viejo patriarca,
que aún lleva los zaragüelles,
reliquia de añeja usanza,
descúbrete la cabeza
como ante cosa sagrada,
que acaso sea ese anciano
el último de una raza,
y acaso con él se entierren
tradiciones venerandas;
un lenguaje que fué suyo,
una fe más firme y santa,
una candidez más virgen,
una estirpe mas preclara,
una leyenda más pura
y un amor de más entrañas.


                                                                  José Frutos Baeza


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